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CONTRA EL USO DE ANIMALES EN FESTEJOS POPULARES.
Tradición

El desarrollo intelectual y moral de un pueblo se puede medir en su inteligencia y habilidad para comprender el universo emocional del otro. Ese desarrollo está expuesto a los vaivenes de una sociedad, la mayoría de las veces más preocupada por valores que nada tienen que ver con la ética. Utilizando como excusa la religión, el patriotismo o la tradición, en muchos países se  llevan a cabo actos que atentan explícitamente y de la manera más cruel contra la integridad, la dignidad, la salud y la vida de humanos y animales.

Uno de los argumentos más esgrimidos para la conservación de tales  prácticas, incluidas aquellas en que se utilizan animales, es la tradición. Tradiciones son solo costumbres ejercidas durante un largo tiempo y transmitidas de una generación a otra durante siglos, nada más.

La ablación del clítoris, la lapidación, la esclavitud, el sacrificio ritual de animales, las corridas de toros, la matanza masiva de delfines de las Islas Feroe, el Torneo del Toro de la Vega en Tordesillas, el Toro Júbilo en Medinaceli o el Festival de Gadhimai en Nepal, en el que se sacrifican cientos de miles de animales, son prácticas, algunas de ellas, milenarias.

Todas estas son tradiciones pero, teniendo claro que no son necesarias ¿son relevantes en nuestra existencia? ¿Qué implicaciones tienen tanto para animales como para humanos?  ¿Cómo encajan en nuestros valores y en nuestra época?

Sólo el primer día del festival  de 2009 se asesinaron 20.000 búfalos en Gadhimai. Se  estimó que el número de animales sacrificados había ascendido a 500.000 durante el mes que duró el festival.

Ante las numerosas protestas de activistas por derechos de los animales, el gobernador oficial de la zona de Gadhimai se limitó a decir que ellos no podían “interferir en una tradición de cientos de años”.  El representante del PSOE, Pedro Sánchez, también dice tener respeto absoluto a la tradición de la tauromaquia, lo mismo sucede con las autoridades danesas cuando son cuestionadas acerca de la atroz matanza de delfines en las islas Feroe.

¿Puede ser válido como argumento para la continuidad de una práctica el sólo hecho de que se haya repetido durante generaciones o es necesario algo más para que podamos permitir su conservación?

Lo que hace de “algo” una tradición es en gran medida su repetición. Pero cuando una actividad viola tanto valores morales como nuestra propia sensibilidad, cuando esa acción carece de necesidad y ofende  a la razón y a la vida, ¿debemos consentirla?

Cualquier práctica digna de ser conservada y protegida deberá ser parte de un legado importante e íntegro, en armonía con nuestros mejores valores, con nuestra forma de ver la vida en el siglo XXI.