Toro Júbilo (Medinaceli, Soria)

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Medinaceli (Soria, España)

El Toro Júbilo está documentado desde el siglo XVI, aunque hay estudiosos que afirman que esta práctica proviene de la Edad del Bronce. Se celebra con motivo de la festividad del Culto a los Cinco Cuerpos Santos la noche del segundo o tercer sábado de noviembre, en concreto el más cercano al día 13.

Entre 1962 y 1977 estuvo prohibido debido a la denuncia de unos reporteros británicos.

El Toro Júbilo es uno más de los toros embolados, también llamados Toros de Fuego, muy populares en Castellón, la Comunidad Valenciana, Aragón y algunas localidades del valle del Ebro en Cataluña. Aunque es este de Medinaceli el más conocido y famoso. Consiste en que el toro, con los cuernos atados por una soga, es arrastrado hasta un poste donde se le inmoviliza y se le coloca un artilugio (la gamella), fijado con tornillos a los extremos de sus cuernos. Luego se le colocan dos especies de antorchas que son rociadas con líquido inflamable y que arderán entre media hora y una hora, aunque puede prolongarse algo más. Durante ese tiempo el toro intenta inútilmente huir del fuego. Poco a poco el barro con el que fue rociado previamente (supuestamente a modo de protección), se seca y se rompe de forma que el fuego le va quemando los ojos, la cara y el resto de su cuerpo. Mientras, deambula despavorido entre cinco hogueras, que simbolizan el recuerdo a cinco mártires (Pascasio, Probo, Eutiquiano, Paulino y Arcadio, y cuyas reliquias, según la tradición, fueron transportadas por un toro que portaba teas encendidas en sus cuernos). Los movimientos bruscos por librarse del fuego hacen que muchas veces se llegue a dislocar el cuello. En otras ocasiones el dolor (los cuernos son un área sensible) y el miedo atroz que siente hacen que no pueda soportar la presión y no calcule bien las distancias e incluso se arroje desesperadamente contra el poste o la valla que lo mantiene encerrado.

La tortura se prolonga hasta que se le apagan las bolas de fuego, momento en que es encendida una traca de fuegos y petardos que inundan el recinto de humo, provocándole asfixia y pánico. Durante esos interminables minutos el toro busca desesperadamente escapar, pero no hay escapatoria posible.

Finalmente y ya con el toro totalmente extenuado se le suelta un toro manso al que sigue desesperadamente y sin apartarse de él, buscando su auxilio. Éste le conduce fuera del recinto, a un lugar donde es retirado y, la mayoría de las veces, sacrificado.