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Un valiente entre 10.000 cobardes

Guapetón, así se llamaba el toro que el día de San Juan fue torturado y asesinado en Coria. Un nombre caricaturesco, casi irrisorio e insultante para quién va a ser víctima de la crueldad  y la atrocidad.

Eran las 20.00 horas cuando Guapetón fue soltado en la plaza de Coria para ser “pasto” de una muchedumbre sedienta de esperpéntica “diversión”. Una “diversión” que incluía su muerte. Tras haber permanecido durante horas en un recinto minúsculo, soportando enormes temperaturas, Guapetón salió de su cautiverio a una falsa libertad, espoleado por el dolor de una herida punzante que se le infligió en el lomo y de la que brotaba abundante sangre. Su angustia y su miedo le empujaban a buscar con desesperación una salida, un sitio tranquilo, donde resguardarse de todo aquel tumulto, de toda aquella gente que incomprensiblemente lo provocaba, lo perseguía, lo acosaba … Pero para él no habría descanso ni compasión durante las dos últimas horas de su vida.

Allí estaba, en medio de  una plaza improvisada, rodeado de gradas desmontables, desde las que , 3 o 4000 personas le observaban impertérritas , ajenas a su sufrimiento. Total, los toros nacieron para eso, para sufrir, para ser atravesados por banderillas, para ser traspasados por lanzas, para ser “ensogados”, para prenderles fuego en artilugios mecánicos que se atan a sus cuernos, para ser perseguidos hasta la extenuación, para ser arrojados al mar … para ser “fusilados”.

Durante 20 minutos la gente lo provocó sin tregua, corrían hacia él, lo toreaban con capotes, lo tocaban y humillaban … Su instinto le decía que querían hacerle daño y él se defendía de la única forma que sabía, con su bravura. De pronto se arrojó contra los barrotes de hierro, tras los que varias personas se refugiaban, y su cuerno traspaso el estómago de uno de aquellos que hacía tan solo unos minutos lo había “recortado” en la plaza y en un segundo embiste le perforó el pecho. Antes de que aquel hombre de 43 años llegase al suelo, todos los que estaban allí sabían ya que las cornadas eran mortales. Pero eso no importaba, la “fiesta” debía continuar y así ocurrió. Los políticos y regidores de Coria estuvieron a la altura moral y ética que se les supone a quiénes permiten este horror. Una vida no vale nada. Como mucho un minuto de silencio, al día siguiente.

Tras media hora, a Guapetón se le abrieron las puertas de la plaza para que corriese libremente por las calles de la parte vieja de Coria. La diversión consistía en que muchos lo perseguían y provocaban, mientras otros paseaban por el pueblo (con niños) sin saber muy bien por donde podía aparecer el toro. Después de una hora acabó en la Plaza de la Catedral. Allí llegó ya sin fuerzas, totalmente extenuado. Y durante 30 minutos más la gente continuó aconsándolo y hostigándolo.

Fue entonces cuando oí a mis espaldas : “¡Mátalo, mátalo!”. Me giré y vi avanzar hacia la plaza un hombre con una escopeta rodeado de agentes del orden, aquellos que deben cuidar que la ley se cumpla. Una ley que ampara la tortura y el asesinato de un pobre animal exhausto. Cansado y agotado ya de luchar por su vida. Una ley que avergüenza y deshonra a un país que “legaliza” con sus leyes la injusticia.

Y mientras avanzaban hasta la Plaza de la catedral, miré de nuevo al toro y su mirada me conmovió. Hasta entonces había intentado no pensar en ello. Ver a Guapetón cómo algo ajeno. Pero ya no pude hacerlo por más tiempo. Y lo miré con una mezcla de respeto, admiración y compasión. Y fue entonces cuando lo vi. Allí estaba temeroso pero orgulloso, extenuado pero erguido, … rodeado por decenas de cobardes que huían al primer amago de embiste que hacía con las pocas fuerzas que aún le quedaban. Y tras las gradas miles de personas haciendo de su asesinato una diversión. “Un valiente entre diez mil cobardes”. DEP. (ver vídeo)

 

 

NOTA.

Guapetón fue “fusilado” en la Plaza de la Catedral de Coria a las 21.55, tras casi dos horas de sufrimiento. En realidad era uno más de esos 13 animales que fueron tratados exactamente igual la semana grande de los San Juanes de Coria. 1 vaca, 11 toros y 1 novillo. Hubo también una víctima humana. Todo por una “fiesta”  injusta y despiadada. Impropia de un pueblo y un país que se considera así mismo civilizado.

No queremos dejar de mencionar a todas aquellas personas de Coria que también luchan porque su pueblo se vea libre de esta sanguinaria “tradición”. Algunos y algunas de ell@s estuvieron a nuestro lado. Desde Vox Ánima muchas gracias a todos aquell@s corian@s que dignifican con su actitud y valentía al pueblo de Coria, poniéndose del lado de los más débiles.

 

 

 

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